Los efectos del cambio climático global ya se sienten en lo profundo de la Amazonía, y la Reserva Pacaya Samiria ha sido escenario tanto de impactos preocupantes como de lecciones sobre resiliencia. Dada la naturaleza inundable de la reserva, cualquier alteración en los patrones de lluvias o temperaturas tiene repercusiones inmediatas en sus ecosistemas y en la vida de sus habitantes. A continuación, analizamos cómo el cambio climático está afectando a Pacaya Samiria y qué medidas se están tomando al respecto.
Evidencias de cambios extremos: En las últimas décadas se han observado eventos climáticos atípicos en la región de Pacaya Samiria, rompiendo la relativa estabilidad histórica. En particular, ocurrieron dos sequías severas, en 2005 y 2010, consideradas entre las peores en un siglo de registros. Durante la sequía de 2010 el nivel de los ríos descendió tan dramáticamente que vastos sectores del río Samiria quedaron con menos de un metro de profundidad. Muchas cochas se secaron totalmente, fragmentando los hábitats acuáticos. Estas sequías extremas, que solían ser eventos de 1 vez en 100 años, ahora ocurrieron con solo 5 años de diferencia, una señal alarmante consistente con las predicciones científicas de mayor frecuencia de sequías en el occidente amazónico debido al calentamiento global.
Por contraparte, también se han registrado inundaciones extraordinarias. En 2012, por ejemplo, el agua alcanzó niveles de creciente mayores que cualquier año previo reciente, cubriendo extensiones más prolongadas de terreno. En 2019 y 2021, las marcas de agua alta también rompieron récords locales, lo que sugiere una mayor variabilidad: años extremadamente secos seguidos de años inusualmente húmedos, en lugar de la alternancia moderada tradicional. Estas fluctuaciones erráticas son consideradas impactos físicos directos del cambio climático en la Amazonía.
Impacto en la biodiversidad: La flora y fauna de Pacaya Samiria, adaptadas a ciclos estacionales relativamente predecibles, han sentido el estrés de estos eventos anómalos. Durante las sequías extremas, muchas especies acuáticas sufren: los delfines de río (rosado y gris) y los manatíes quedan confinados a pozas reducidas y canales principales, viendo mermadas sus áreas de alimentación. Estudios de largo plazo han demostrado que las poblaciones de delfines en la cuenca del Samiria disminuyeron significativamente en densidad durante y después de la gran sequía de 2010, probablemente por mortalidad y migración hacia tramos más caudalosos. Del mismo modo, se han hallado evidencias de mortandad de peces en lagos que se secaron totalmente; especies residentes incapaces de migrar quedaron atrapadas y murieron, afectando temporariamente la disponibilidad de alimento para grandes depredadores como nutrias, aves piscívoras y humanos. Por otro lado, en las inundaciones extraordinarias, el impacto se da en la fauna terrestre: cuando el 90% o más del territorio se inunda, los animales de tierra (venados, sajinos, armadillos) quedan hacinados en pequeñas islas de monte alto. Esto genera mayor competencia por escasos alimentos en esas islas y también aumenta la depredación, pues los felinos como el jaguar tienen a sus presas concentradas y son más exitosos cazando. Se han documentado casos de jaguares y pumas siguiendo el retroceso de las aguas para alimentarse de ungulados debilitados en las estrechas restingas disponibles.
La vegetación también enfrenta desafíos. Tras la sequía de 2010, se observó que algunas poblaciones de palmeras y árboles ribereños mostraron signos de estrés hídrico, con menor fructificación al año siguiente. Inversamente, la inundación de 2012 prolongó tanto la sumersión de ciertas áreas que árboles intolerantes murieron por anoxia en raíces. Estas alteraciones pueden cambiar la composición del bosque a largo plazo, favoreciendo especies más generalistas o resistentes. Además, el cambio en los patrones de inundación afecta la sincronía de ciclos reproductivos: por ejemplo, las taricayas dependen de playas descubiertas en agosto-septiembre para anidar, pero si la vaciante se retrasa o es muy corta por lluvias erráticas, menos playas quedan disponibles a tiempo, reduciendo el éxito de nidificación.
Otra evidencia clara es la alteración en calendarios tradicionales. Los pobladores indican que ya no pueden predecir con certeza cuándo llegará la creciente o vaciante: “El río antes empezaba a crecer en octubre, ahora a veces en diciembre; hay veranillos (periodos secos) raros en pleno enero”, refieren. Esto dificulta sus actividades de siembra y pesca, y ha obligado a adaptarse sobre la marcha.
Respuestas y medidas de adaptación: Frente a estos desafíos, Pacaya Samiria se ha convertido también en un espacio de aprendizaje para la adaptación climática. Durante 7 años, científicos de SERNANP y la Fundación Amazónica (Fundamazonia) realizaron un monitoreo intensivo de indicadores de clima y fauna en la reserva. Los resultados se plasmaron en una publicación titulada “Cambio Climático y fauna silvestre en la Amazonía peruana – Impacto de la sequía e inundaciones intensas en Pacaya Samiria”, que aportó evidencia científica de cómo las fluctuaciones extremas afectan la biodiversidad y a las poblaciones locales. Este estudio confirmó impactos negativos pero también identificó estrategias naturales de resiliencia. Por ejemplo, se notó que las poblaciones de ciertos peces migratorios se recuperaron rápidamente tras la sequía, aprovechando la explosión de vegetación acuática cuando regresó el agua. También se observó que delfines y manatíes volvieron a recolonizar áreas interiores pocos meses después de que las condiciones se normalizaron, mostrando cierta movilidad adaptativa.
Con base en estas investigaciones, la gestión de la reserva ha incorporado medidas de adaptación: las reglas de pesca ahora contemplan vedas más estrictas tras eventos de sequía severa, para permitir que las poblaciones de peces se repongan. Se están implementando sistemas de alerta temprana comunitarios: los pobladores, a través de radio o teléfono satelital, informan periódicamente los niveles de agua y condiciones, creando una red de monitoreo local que complementa los datos hidrológicos oficiales. Asimismo, se promueve la diversificación de actividades económicas en las comunidades para reducir la dependencia de un solo recurso que pueda fluctuar; por ejemplo, combinando pesca con acuicultura en estanques pequeños, o agricultura elevada (camellones) que resisten inundaciones.
Un aspecto positivo es que la misma conservación de Pacaya Samiria ayuda a enfrentar el cambio climático. Los bosques intactos y humedales en buen estado actúan como barreras naturales ante los efectos extremos: evitan erosión durante inundaciones, mantienen fuentes de agua en sequías y estabilizan el microclima local. Además, al ser un gran sumidero de carbono, la reserva contribuye a mitigar globalmente el cambio climático (reduciendo la causa raíz del problema). Por ello, se considera a Pacaya Samiria como parte de las “soluciones basadas en la naturaleza” para la crisis climática. Cuidar la reserva es una estrategia tanto de conservación como de resiliencia climática.
Escenario futuro y necesidad de acción: Modelos climáticos proyectan que la Amazonía occidental podría experimentar eventos más frecuentes de sequía intensa intercalados con inundaciones severas en las próximas décadas. Esto pondrá a prueba la capacidad de adaptación de ecosistemas como Pacaya Samiria. Sin embargo, la presencia de áreas protegidas grandes mejora las probabilidades: los ecosistemas conservados tienden a resistir mejor y recuperarse más rápido que los degradados. Aún así, será crucial seguir investigando y monitoreando los impactos climáticos. También se requiere trabajar con las comunidades para desarrollar planes locales de adaptación (por ejemplo, huertos elevados, reservas de pesca comunitarias para emergencias, etc.).
SERNANP ha manifestado su compromiso de involucrar activamente a los actores locales como socios estratégicos en las acciones frente al cambio climático. La experiencia de Pacaya Samiria sirve como modelo demostrativo para otras áreas: lo aprendido aquí sobre manejo adaptativo (p.ej., cómo ajustar cuotas de recurso tras eventos extremos) puede replicarse en la Amazonía y más allá.
En conclusión, Pacaya Samiria ya está sintiendo el pulso del cambio climático, pero también muestra capacidad de resistencia. La clave estará en fortalecer esa resiliencia natural y social: conservar intactos los bosques y humedales que amortiguan los extremos, y capacitar a las comunidades para adaptarse a nuevas realidades climáticas. La reserva, que durante miles de años ha prosperado con el vaivén anual de aguas altas y bajas, ahora enfrenta un futuro con vaivenes más impredecibles. Con ciencia, gestión adaptativa y apoyo a su gente, Pacaya Samiria podrá seguir siendo el refugio de vida que es, incluso bajo las presiones de un clima cambiante.
